Bollos suizos de leche

IMG_20150620_224906773¡Hola de nuevo!

¿Qué tal estáis llevando esta ola de calor? Yo con muchísima envidia de los chiquitajos, que no tienen cole y aprovechan todo lo que pueden para estar en la piscina y/o en el parque.. Bueno, en realidad les envidio aún más por las meriendas que les preparan sus mamis… ¿Recordáis aquellas tardes de pan con chocolate? ¿Y las de pan con jamón o sobrasada? Ay…  lo más interesante es que eran productos totalmente naturales que nos daban energía para aguantar toda la tarde 😀

Pues como de antojos vive una… os traigo una receta un poco más complicada de las que suelo preparar, pero igual de reconfortante, y perfecta para una merienda de sonrisas dulces y saladas 🙂

Ingredientes para 6 bollos suizos de leche:

  • 300 gramos de harina de fuerza.
  • 15 gramos de levadura fresca de panadero.
  • 125 mililitros de leche entera.
  • 50 mililitros de aceite de oliva, y un poquito más para engrasar un molde.
  • 50 gramos de azúcar blanquilla.
  • 2 huevos.
  • 60 mililitros de vainilla en pasta.
  • 60 mililitros de agua.
  • 1 pizca de sal.

Elaboración:

En un recipiente alto vertemos 1 huevo, la sal, la leche,la vainilla, el azúcar, el aceite y la levadura (deshecha en trocitos) y mezclamos bien hasta obtener una pasta homogénea.

A continuación, incorporamos la harina y el agua, y mezclamos con las manos hasta obtener una masa relativamente lisa y flexible (10 minutos de amasado, aproximadamente). Engrasamos un bol con un poquito de aceite de oliva, metemos en él la masa, tapamos con un paño de cocina y dejamos reposar hasta que la masa doble su volumen (en nuestro caso, 2 horas).

IMG_20150620_185206552Una vez levada la masa, volvemos a amasar, dividimos en 6 porciones a las que daremos forma de bola, las colocamos sobre un papel parafinado, hacemos un corte en cruz en la superficie de cada bolita, y dejamos reposar nuevamente hasta que doblen su tamaño (en nuestro caso, 1,5 horas).

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Precalentamos el horno a 180ºC durante 10 minutos. Una vez levada la masa por segunda vez, pintamos la superficie de nuestras bolitas con un poco de huevo, y llevamos al horno durante 15 minutos, o hasta que los bollitos se doren en el horno.

A continuación, sacamos del horno, y dejamos enfriar sobre la rejilla del horno.

Una vez fríos, sólo es cuestión de elegir el acompañamiento, y la compañía. Las sonrisas aparecen solas 😀

Espero que os gusten 😉

@laetitious

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Panecillos de olivas negras – Mis primeros panecillos

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Hola de nuevo!

¿Qué tal lleváis la semana? Las temperaturas comienzan a subir nuevamente, y encender el horno no parece muy  buena idea… hasta que os asalta una receta como ésta: panecillos de olivas negras, que son amor en estado puro, lo prometo.

La receta la inspira la propia fórmula de Lékue, que es una marca de utensilios de cocina fantástica que llegó a mi vida para quedarse pocos días antes del cumpleaños de A. Durante años he leído mucho sobre sus moldes de silicona y su cocina sana y fácil, pero hasta la fecha no me había decidido a comprar ninguno de sus productos. Sí, el problema es el precio… son moldes muy resistentes y la calidad salta a la vista, pero… no son nada baratos. Lo bueno es que muchas de las cajitas que contienen los moldes tienen un libro de recetas… en mogollón de idiomas.

Como os decía, este fin de semana decidimos hacer pan, y adaptamos la receta de Lékue conforme fuimos haciendo la masa, porque hay que escuchar a las preparaciones mientras las elaboramos… y la de Lékue nos pareció un tanto seca, pero es cuestión de jugar con los ingredientes.

El resultado es espectacular, porque aunque los panecillos no tengan ese color dorado que se merecen, la miga es esponjosa, y duran todo un día en perfectas condiciones: crujientes por fuera, esponjosos por dentro, y muy muy sabrosos 🙂

Ingredientes para 6 panecillos:

  • 110 gramos de harina de fuerza.
  • 7 gramos de levadura de panadero seca.
  • 4 gramos de sal.
  • 130 mililitros de agua del tiempo.
  • 50 gramos de aceitunas negras (¡nos encantan!).
  • Aceite de oliva.

Elaboración:

En un bol mezlamos todos los ingredientes hasta obtener una bola de masa fina y flexible. Engrasamos otro bol con aceite de oliva y metemos dentro la bola, cubrimos con un paño de cocina y esperamos a que leve y doble su tamaño (a nosotros nos costó 1 hora, el truco consiste en encender la vitrocerámica unos minutos, apagarla, y una vez que esté tibia y podamos tocarla con los dedos sin quemarnos, ponemos encima el bol, y esperamos a que la levadura haga efecto). A continuación, dividimos la masa en las porciones en que esté dividido nuestro molde (o en los moldes donde vayamos a cocer el pan) amasamos, tapamos nuevamente con un paño de cocina, y esperamos a que leve y vuelva a doblar su tamaño (nosotros esperamos 2 horas).

IMG_20150613_172838992Cuando el milagro de los panes fermentados haya surtido efecto, precalentamos el horno a 200ºC durante 10 minutos y metemos el molde sobre la rejilla (no sobre la bandeja, porque si no no circula el aire). Esperaremos 15 minutos (hasta que la superficie se haya endurecido) sacamos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla o sobre una bandeja fría.

Esperamos que os guste tanto como a nosotros, que pensamos repetir todos los fines de semana 😀

@laetitious

Banana & Chocolate Marble Bundt Cake – Mi primer Bundt Cake

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¡Hola de nuevo!

¿Qué tal habéis pasado el puente? En Madrid hemos pasado mucho calor, y en casa aún más, porque, entre otras cosas, hemos encendido el horno. Pero la ocasión lo merecía: ¡¡mi primer bundt!! La culpa de todo la tiene mi adorable A, que me ha regalado ni más ni menos que el Nordic Ware Platinum Collection Cathedral Bundt Pan, que en casa lo llamamos simplemente el molde para hacer bundt cakes que mola mogollón 😛

cath¡Es que A es un amor! ¡En cuanto lo vi, morí de amor! (de A también, para que os voy a mentir). Este molde representa uno de mis múltiples esfuercitos en vano para que A engorde un poquito… se me ocurrió que, como es un runner de los buenos, necesitaba magnesio, potasio y mucha fuerza para seguir dándole la tabarra a sus piernas… plátano + chocolate = éxito asegurado, ¿verdad?

El resultado es A-L-U-C-I-N-A-N-T-E. El bizcocho queda bastante firme, jugoso a más no poder… y la cocina alberga un intenso olor a plátano durante varias horas 😀

Ingredientes:

  • 3 huevos L.
  • 125 gramos de mantequilla en pomada.
  • 400 gramos de azúcar blanquilla.
  • 400 gramos de plátano pelado.
  • 300 mililitros de buttermilk.
  • 300 gramos de harina de todo uso.
  • 15 mililitros de aroma de vainilla.
  • 1 sobre de levadura química tipo Royal.
  • 1 pizca de bicarbonato.
  • 1 pizca de sal.
  • 60 gramos de chocolate puro en polvo tipo Valor (*opcional).

Elaboración:

Precalentamos el horno a 170ºC. En un bol mezclamos los huevos y la mantequilla, y posteriormente el azúcar, hasta que blanquee. A continuación integramos la vainilla, la levadura, el bicarbonato, la sal y el buttermilk, y mezclamos nuevamente. Finalmente, añadimos el plátano y la harina hasta conseguir una mezcla homogénea.

Cogemos el molde a temperatura ambiente, lo engrasamos bien por todos sus recovecos (yo utilicé un spray de aceite de oliva) y vamos añadiendo la masa poco a poco. Si queréis conseguir el efecto del marble cake, sólo tenéis que mezclar una parte de la masa con el cacao en polvo, y añadírsela a la preparación. Por encima continuamos añadiendo masa hasta llenar 2/3 de la capacidad del molde.

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Llevamos al horno durante 50-55 minutos, o hasta que el bizcocho esté cuajado. A continuación, sacamos del horno, dejamos enfriar 10 minutos a temperatura ambiente y, transcurridos EXACTAMENTE esos 10 minutos (ni más ni menos), rezáis TODO lo que os sepáis, os ponéis el guante de cocina y un trapo, cogéis el molde, decís en voz alta el archiconocido juramento del chupito (arriba, abajo, izquierda, derecha, al centro y pa’dentro) mientras movéis el molde, y le dais la vuelta…

… el milagro se produce cuando el bizcocho va bajando amistosamente hasta el plato, encimera o altar, y respiráis. Porque esto debe ser como un parto. O peor.

En nuestro caso el milagro del alumbramiento lo recordaremos como toda una gesta, porque entre los nervios y el calor del molde, creo que nos merecemos unas vacaciones (las del puente, que ya se han acabado).

El bebé bien, gracias. Con todas sus aristas, adornos y recovecos. ¿A que es para comérselo? 😛 (por encima le pusimos un ganache de chocolate con leche, y unos sprinkles de colores, que estábamos muuy festivos y muy contentos, como podéis ver en la imagen del principio).

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Una mamá orgullosa que espera hacer muchos más bundts hermosos,

@laetitious

P.D. Gracias a A, por sus desvelos, su preocupación, su buena maña a la hora de batir, mover y remover, acompañarme a la compra, y aguantar todos los nervios hasta el parto, en el que estuvo a mi lado dándome ánimos como el que más…  Gracias por todo, por esto y por lo que está por venir…

Cheesecake de Chocolate

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Hoy os traigo una receta de lo más fácil. Siempre os digo lo mismo, pero es que ésta se lleva la palma. La culpa la tienen las grandes superficies, y su empeño en hacer packs familiares únicamente (sí, estoy reivindicativa, pero es que los singles también tenemos derechos). El caso es que fui a hacer la compra con mi conejillo de indias (A.) y al llegar a casa nos encontramos literalmente rodeados de comida: las galletas (las María de toda la vida) vienen en cajas de 4 paquetes, el chocolate en tabletas gigantonas o en packs de 3 unidades, la leche condensada en tarros de 740 gramos, etc.

Total, que había que estrenar un molde gigante y darle buen uso a las toneladas de azúcar que se apilaban en la encimera… yo no soy muy fan del chocolate, pero la ocasión merecía la pena. Así que se me ocurrió hacer esta cucada de chocolate que, al margen de lo que pueda pareceros, es más bien ligera (palabra de repostera amateur).

La sonrisa de A. delata que ha sido un triunfo, así que os paso la receta sin pestañear 😉

Ingredientes:

Para la base:

  • 200 gramos de galletas María picadas.
  • 125 gramos de mantequilla en pomada.
  • 200 mililitros de nata para montar (mínimo 35% m.g.).

Para la masa:

  • 3 huevos L.
  • 600 gramos de queso fresco tipo Philadelphia.
  • 200 mililitros de leche condensada.
  • 50 gramos de harina de todo uso.
  • 100 gramos de chocolate negro para fundir.

Para decorar:

  • Fresones.
  • Sprinckles.
  • Ganache de chocolate (100 gramos de chocolate negro para fundir + 200 mililitros de nata para montar (mínimo 35% m.g.)

Elaboración:

Precalentamos el horno a 170 ºC. En un recipiente mezclamos la galleta picada, la mantequilla y la nata, y removemos bien hasta obtener una pasta más o menos homogenea. Extendemos cuidadosamente la masa sobre el molde y llevamos a la nevera.

En otro recipiente batimos los huevos y la leche condensada. A continuación añadimos el queso, la harina y, finalmente, el chocolate templado. Vertemos la mezcla sobre el molde, y llevamos al horno 60 minutos, o hasta que nuestra tarta haya cuajado. Abrimos la puerta del horno y dejamos que se enfríe lentamente.

Para decorar hemos dispuesto unos fresones cortados a la mitad, hemos vertido cuidadosamente nuestro sencillo ganache de chocolate negro, y hemos espolvoreado unos sprinkles de colores sobre el chocolate.

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Una vez fría, es un pecado… ¡Ay!

Espero que os guste,

@laetitious

San Valentín – Cupcakes Black & White, Fresa y Licor de Café

IMG_20150207_213913109 (2)Querid@s mí@s:

Un año da para mucho. En mi caso, para muchísimo. La verdadera intención con la que hace un año abrí este pequeño rincón de gordura y amor era precisamente para sobrevivir a una situación que de bonita no tenía nada. 27 entradas después, tengo que confesar que este espacio es y ha sido toda una liberación, que estoy muy orgullosa de mi misma por haber dado tantos y tantos pasos y, sobre todo, por haberme atrevido a cambiar las cosas que no me hacían sentir bien.

Entre los cambios me apetece destacar uno particularmente: cocinar para divertirme, y no únicamente para distraerme. Y cocinar acompañada (eso no os lo he contado nunca, pero hasta hace bien poco no lograba concentrarme si alguien hacía su aparición estelar en la cocina. Manías…). Y cocinar feliz, porque la forma en la que preparamos los alimentos deja huella en el resultado final. Doy fe.

Así que con toda la felicidad del mundo y corazones… corazones everywhere, os dejo esta receta a dúo con A., mi bello chef (no es que lo diga yo, que también, es que su delantal dice algo así) y compañero de fatigas, risas y sonrisas. Porque A. no engorda ni aposta, y no será porque los dulces que  desayuna durante unos pocos días no sean hipercalóricos, que lo son, aunque a su barriguita le da igual.

El resultado de tanto amor son unos cupcakes esponjosos a más no poder que se conservan en la nevera unos 3 o 4 días (dependiendo de vuestras ansias, las visitas, etc). Y como la cantidad de licor es verdaderamente ínfima, no correréis el riesgo de sufrir un coma etílico. Si acaso, un ligero rubor. Así que no tenéis excusa para hacerlos en 3, 2, 1…

Receta de Leticia y A. Ingredientes para morir de amor (y unos 16 cupcakes):

Para hacer los cupcakes de chocolate blanco:

  • 150 gramos de harina de repostería.
  • 3 huevos M.
  • 1 sobre de levadura química (tipo Royal).
  • 15 mililitros de aroma de vainilla.
  • 125 gramos de mantequilla en pomada (a temperatura ambiente).
  • 125 mililitros de leche semidesnatada tibia.
  • 150 gramos de azúcar moreno.
  • 150 gramos de chocolate blanco.

Para el relleno:

  • Sirope de fresa.

Para el buttercream de chocolate:

  • 300 gramos de mantequilla en pomada (a temperatura ambiente).
  • 600 gramos de azúcar glass.
  • 75 gramos de cacao en polvo (tipo Valor).
  • 150 mililitros de licor de café.
  • Sprinkes y caramelos.

Elaboración:

Precalentamos el horno a 180ºC. Colocamos las cápsulas en una bandeja de horno. Yo he utilizado cápsulas de cartón, pero si las usáis de papel, deberéis ponerlas sobre moldes de silicona o, en su defecto, sobre una bandeja para cupcakes.

En un recipiente, mezclamos los huevos, la vainilla y el azúcar hasta que espumen. Incorporamos la levadura y la harina, removiendo bien para evitar grumos. A continuación, vertemos la leche tibia y el chocolate. Y, finalmente la mantequilla en pomada. Batimos bien hasta que resulte una mezcla homogénea que vertemos en las cápsulas, rellenando únicamente 2/3 de su capacidad.

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Llevamos al horno durante 15-20 minutos, dependiendo de vuestro horno. Pasado ese tiempo, sacamos los cupcakes, los ponemos sobre una rejilla y dejamos enfriar.

En este momento podemos aprovechar para hacer el buttercream. Muy fácil: mezclamos el azúcar glass y el cacao, añadimos la mantequilla y el licor, batimos bien,  llevamos la mezcla a una manga pastelera (¡¡no os olvidéis de poner primero la boquilla!!) y dejamos enfriar en la nevera unos minutos.

Con los cupcakes a temperatura ambiente, (a falta de descorazonador de cupcakes, que suena fatal para San Valentín pero que tendré que adquirir para próximas inmersiones en el mundo de los cupcakes rellenos) hacemos una pequeña incisión con el dedo meñique (sí, querid@s, por proporción) y rellenamos el espacio con sirope de fresa (esta es la parte más divertida, sin duda :P).

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Finalmente, decoramos nuestros cupcakes con el buttercream de chocolate y licor de café, y espolvoreamos unos sprinkles por encima.

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Espero que os guste y que tengáis el mejor San Valentín de vuestras vidas con los vuestros. Porque lo importante no es cómo, sino con quién…

Besos,

@laetitious

Muesli, Dried Fruits & Honey Cookies – Galletas de muesli, frutas desecadas y miel súper digestivas, que no ‘Digestive’

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Antes de que Mc Vitie’s o Gullón decidan cerrar este espacio gastroespecial que me llena de orgullo y satisfacción… no son galletas de esas perfectas que compráis en el super y que engullís para desayunar de camino al wc y estar estupendas y radiantes todo lo que resta de día. No. Éstas son mi particular versión divertida de las galletas de avena y pasas, para que vuestras crines luzcan brillantes y limpias todo el día. Vamos, que están buenísimas y son sanísimas a más no poder.

Yo nunca he sido muy partidaria del muesli. Bueno, en realidad no era nada fan del muesli. Hasta que conocí a un adicto al muesli. Sí, un adicto. No, no es un pájaro. Es un chico guapísimo y muy normal que ha descubierto en el muesli con leche y miel una fuente de energía inagotable…. No me miréis con esa cara, yo tampoco lo entiendo, pero se niega a desayunar otra cosa. Bueno, se negaba. Porque entonces un buen día me dejó usar su horno y vaciar su despensa de muesli. Y desde entonces cada vez que me ve me recuerda que le gustan las galletas…. las galletas de muesli. Mis galletas de muesli 😀

Y por si vosotr@s también conocéis a algún obseso compulsivo en lo que a muesli se refiere.. os lo juro: hay salida. Y la salida son estas galletas.

Os dejo la receta 😉

Ingredientes para 24 galletas:

  • 2 huevos XL.
  • 100 gramos de mantequilla en pomada (a temperatura ambiente).
  • 200 gramos de azúcar moreno.
  • 125 gramos de yogurt griego.
  • 15 mililitros de esencia de vainilla.
  • 15 mililitros de miel líquida.
  • 125 gramos de harina de repostería.
  • 1 sobre de levadura química tipo Royal.
  • 200 gramos de salvado de avena.
  • 100 gramos de muesli.
  • 100 gramos de frutas desecadas (yo utilicé pasas sultanas, papaya, piña, coco y plátano).

Elaboración:

Precalentamos el horno a 170 ºC. En un bol, batimos los huevos (nada de poner sal, en serio) con el azúcar, hasta que espume un poquito. A continuación vertemos la vainilla, el yogur y la miel, y continuamos removiendo. Incorporamos la mantequilla, la levadura y la harina, y comenzamos a batir hasta que resulte una mezcla homogénea. Finalmente, añadimos el salvado de avena, el muesli y las frutas desecadas, y disponemos la mezcla en pequeños montoncitos sobre un papel parafinado o papel de horno, y llevamos nuestras bolitas al horno unos 20 minutos, o hasta que se doren ligeramente los bordes. Sacamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

Estas galletas os aguantarán perfectamente de 3 a 5 días… o hasta que decida el Dios del muesli 😉

@laetitious

 

Pastel de puerros y queso de cabra

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Brr… ¡Qué frío hace!

El frío invernal ha llegado a nuestra vida casi sin que nos demos cuenta. Pero, lejos de quedarnos con la sensación de que vamos a convertirnos en estatuas de hielo en cuanto salgamos por la puerta, creo que es un buen momento para aprovechar y meternos en la cocina para preparar todas esas recetas que necesitan un poco de cariño a fuego lento, con ese calorcito que nos proporciona el horno…

Por ello, hoy os propongo una de esas recetas fáciles que conquistan todos los paladares y que, además, no es nada pesada de digerir: un pastel de puerros y queso de cabra.

Los puerros son una de esas verduras que encontramos en la mayoría de sopas y platos ricos de cuchara, precisamente por su sabor dulce, su jugosidad y su versatilidad a la hora de emplearla en los fogones. Y el queso de cabra es un perfecto anfitrión que no deja indiferente ningún paladar, especialmente si escogemos un ejemplar particularmente ácido o relativamente madurado.

La combinación, os aviso, es muy interesante. Y la receta, como no podía ser de otra manera, es muy sencilla:

Ingredientes:

  • 1 lámina de masa quebrada (como la que hemos hecho en otras ocasiones y que encontraréis aquí).
  • 3 huevos XL (de los grandotes… que aquí el tamaño SÍ importa).
  • 200 mililitros de nata para cocinar.
  • 2 puerros (únicamente la parte blanca).
  • 100 gramos de queso de cabra.
  • Aceite de oliva.
  • 1 pizca de sal.
  • 1 pizca de pimienta.
  • 1 pizca de queso rallado para gratinar.

Elaboración:

Precalentamos el horno a 170 ºC. Disponemos la masa quebrada sobre papel de horno bien estirada (reservando un trozo para más tarde) la encajamos en el molde, la pinchamos con un tenedor para que no suba, y la introducimos en el horno unos 10 minutos o hasta que comience a dorarse. Sacamos del horno y dejamos templar.

Mientras la masa se hornea, cortamos los puerros en medallones de un dedo de grosor, y los doramos en la sartén (sin añadir nada de sal). En un recipiente, batimos los huevos y la nata, añadimos los puerros y salpimentamos al gusto.

Vertemos la mezcla sobre la masa templada y, en el centro, añadimos el queso de cabra.

Cubrimos con la parte de masa que habíamos reservado, la pinchamos con un tenedor, y espolvoreamos queso rallado por encima. A continuación, llevamos al horno la preparación.

Para evitar que se nos queme, pondremos calor arriba y abajo, y colocaremos el pastel en el centro del horno a 170ºC durante 30 minutos. Y para terminar la cocción, subiremos la temperatura del horno a 180ºC y dejaremos que nuestro pastel se termine durante 30-45 minutos más, dependiendo de vuestro horno.

Los pasteles salados son muy fáciles de hacer, y os prometo que el resultado es… delicioso. Eso sí, yo prefiero tomarlos templados, que es cuando mejor se aprecia lo buenos que están 😉

Espero que os guste,

@laetitious